Que la guerra no nos sea indiferente

Así decía la famosa canción de León Gieco “Sólo le pido a Dios”, tan difundida durante la Guerra de las Malvinas (1982) . Hoy, un sobrino de 19 años del músico, asmático él, argentino e israelí, fue secuestrado por los terroristas de Hamas. Con lo cual ese “hit” vuelve a tener una increíble vigencia.

La guerra es y será siempre “un monstruo grande que pisa fuerte toda la inocencia de la gente”. Cualquier guerra es sinónimo de crueldades, de terror y horror, de odios extremos.

Alguien dijo : “La mejor arma política es el terror. La crueldad impone respeto; los hombres podrán odiarnos, pero no queremos su cariño, sólo queremos su miedo”. ¿Quién hizo esta escalofriante afirmación? Heinrich Himmler (1900-1945), uno de los principales hombres de Hitler, líder de las SS, constructor de los campos de exterminio nazis.

Hoy los conflictos mundiales revisten tal envergadura que, en cualquier momento, la contienda de Oriente Medio puede convertirse en una IIIª Guerra Mundial.

Escribo esto y me da escalofríos, porque llevo en mí los genes de las dos guerras vividas por mis padres y mis abuelos en la lejana Europa del Este, antes de mi nacimiento: los refugios antiaéreos durante los bombardeos, el hambre, el pánico, los muertos. Sótanos de ciertos hospitales de Bucarest que eran albergues privilegiados, reabren sus negras bocas, como si esos relatos me fueran contados hace horas.

¿De qué sirve la memoria?, me pregunto. Después de la carnicería de la Iª Guerra Mundial ( 1914-1918) y de los felices Años Locos posteriores, se instaló la amnesia y con ella la IIª Guerra (1939-1945). Y ahora, ¿qué va a pasar?

Luego de la pandemia, la invasión rusa a Ucrania.Actualmente, el terrorismo en Israel.Y los conflictos en Siria. Y Azerbaijan contra Armenia, con un éxodo y un futuro incierto. E Irán, en las bambalinas. Una violencia sin par, masacres, sadismo, ultrajes a bebés y niños, odios atávicos, viscerales. Pareciera que nadie se acuerda que la Iª Guerra Mundial dejó entre 10 y 20 millones de muertos y que la IIª, triplicó o cuadriplicó la cifra: entre 70 y 80 millones.

Por ahora, en diez días hubo 6000 muertos en la contienda de Israel . Como decía Mark Twain, “La guerra sucede cuando fracasa el lenguaje”. O como opinó Alfred Adler, psicólogo y médico austríaco: “La guerra es asesinato organizado y tortura entre nuestros hermanos”.

Tenía razón. No sólo las guerras civiles, sino que todas las guerras, son fratricidas. Esto me retrotrae a esa idea de Cioran que me manifestara en nuestro primer encuentro: ” El ser humano está viciado desde el origen”. Lo cual me lleva a Caín y Abel y a esa frase del Génesis, que lo ratificaría ampliamente:” Y Jehová dijo a Caín: Maldito seas tú de la tierra que abrió su boca para recibir de tu mano la sangre de tu hermano”.

Con lo cual llegamos a la conclusión de que, por naturaleza, lamentablemente, llevamos la guerra dentro de nosotros. Y de esto se aprovechan las ideologías, los intereses creados, la codicia por el poder ( económico, territorial, religioso,etc.) y las competencias de todo tipo.

Para los romanos, Júpiter (Dios de los Dioses, cuya arma mortífera era el rayo) se unió a Juno ( diosa del matrimonio, celosa y vengativa) y engendraron a la Guerra, fruto simbólico del poder más absoluto y oscuro. En los últimos tiempos, la ciencia junto con la tecnología han creado las armas más sofisticadas y más siniestras de destrucción. Y si hablamos de destrucción ¿no hablamos de auto-destrucción?

Porque si bien en la teoría bélica, no hay nada más barato que la vida humana, en un sentido espiritual, nuestra vida es sagrada. Toda vida es sagrada.

Lo que te pasa a ti, me pasa a mí. Si a ti te matan, yo también muero. Porque todos somos Uno. Ese ser extra-ordinario, el ser humano, que es capaz de lo más atroz, de lo más cruel, de lo peor, es capaz también de amar, de ayudar, de crear las Artes, la Belleza en todas sus formas, las manifestaciones más elevadas , ésas que pueden hacer de la existencia algo sublime y fascinante.

Si la guerra es, como pensaba Krishnamurti, la proyección espectacular y sangrienta de nuestra vida diaria, de la crisis dentro de nosotros mismos, si es la mera expresión externa de nuestro estado interno, hay una sola cosa para remediarla.

Y es eliminando esa compulsa interior, buscar la Paz no en el afuera, sino en el adentro, la paz en y con nosotros mismos, domesticar nuestras peores pulsiones. Hacernos responsables de las condiciones de vida que hemos elegido y de adoptar tantos falsos valores.

Si uno analiza la sucesión de los hechos, se da cuenta de que se progresó en todo , menos en la introspección, menos en la tarea de mejorar como personas. Einstein predijo, irónicamente, después de la creación de la bomba atómica: “¡No sé con qué armas se luchará en la IIIª Guerra Mundial, pero la IVª Guerra será luchada con palos y con piedras”.

Ante las inminentes elecciones presidenciales argentinas, me hago las mismas preguntas que me planteo con respecto a las actuales grietas internacionales: ¿Haremos alguna vez memoria? …¿Aprenderemos alguna vez algo?… ¿Nos daremos cuenta de que el populismo significa “más de lo mismo” y de que lo que se presenta como “lo nuevo” son peligrosos cantos de sirena?… ¿Optaremos alguna vez por la sensatez?

Alina Diaconú es escritora.