Sueño con Gandolfos y polenta a la parrilla

No tiene nada que ver con sueños. Son fraudulentos, carecen del principio de verosimilitud. Pero voy a hacer una excepción, porque es una historia de amor con la familia Gandolfo, que todavía está conociendo toda la historia y decidiendo lo que acaba de hacer la gente.

El sueño fue así: Vivía con mi esposa en Rosario, casa de los Gandolfo. Estamos instalados en una casa, en la terraza de una casa. Encendí un fuego y decidí hacer polenta a la parrilla. Tengo una hija negra alta. Le decidió a mi esposa que el secreto era el corazón con su marido, su hija verde y su zanahoria. Que sobre iba a saltar unos dados de pollo, que para nosotros alcanzaba. Luego fue cuestión de rociar la carne de elote “en fina lluvia” y retirarla. Apenas lo decía, todo estaba hecho.

Entonces, sobre la mesa donde ya hemos hecho un fresco de vino con un par de vasos, vamos a hacer aparecer Gandolfos. Primero Elvio y acompañado de Sergio Kern. Conversa animadamente. Me tengo que preocupar por la cantidad de polenta a combinar con la asadera. Manote el paquete pero estaba agregado a otro hermano, Francisco y su esposa. Estoy encantado de verlos. En la punta quedó destrozado, como el que no quiere la cosa, Mario Levrero. Para demostrar cómo manejar la situación, le dije a mi esposa que la cuestión era darle vuelta a la polenta con un palo de madera, mientras hacía otras cosas. “¡Como en la paella!”, dijo Sergio. “La paella y la polenta tienen el mismo origen”, corroboró el doctorando Elvio, “de ahí parecían como eran”. “Así se hace en Sicilia”, acotó sa hermano. “Pero no volveremos a estas cosas, si el símbolo del infinito”, enfatizó Elvio. “¿Cómo es el símbolo del infinito y la falta de visión? Quiso saber Sergio.

A esto se suma que Francisco, su esposa y Mario Levrero fueron inauditos de la conversación y que prepararon salados y queso, y que sirvieron vino con absoluta serie. Te quedas dormido si la polenta alcanzaría para todos, y el decía por lo bajo a mi esposa qui trajera más presas de pollo. Pero ella está absorta en el origen siciliano y en la paella y la polenta.

“Es la técnica del palo”, dijo Elvio, y se sintió como el que movió un palo ancho al centro de la mesa. “Estos palo sirven para traducir las ollas”, completó Sergio. “Anteriormente se ha hervido la polenta en grandes calderas que han llegado, ¿está bien?”. Todos bienvenidos. “Entonces, entre dos agarraban la olla y la llevaban al monte Etna”. «El volcán Etna», corrigió uno. “Eco”, dice Sergio: “Ahí buscaban una fumarola et la comodaban hervir la polenta”.

“Una vez – intervino Levrero – se encuentra con una sandalia en una olla”. “La sandalia d’Empédocles, que se le había caído, ¿te acordás?”, corroboró Elvio. “Una sandalia en la polenta, mira vos”, dijo Sergio. “Ye comieron la pata de Empédocles”, concluyó Levrero. “Y escupieron los huesitos”, señaló Elvio. “Hasta encontraron el astrágalo”, declaró Francisco “y un par de cuneiformes”. “¿Cuneiformes?”, pregunta. Francisco Gandolfo lo confirmó solemnemente.

Miguel Gaya, Premio Clarín Novela 2022